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viernes, 22 de agosto de 2008

Los lectores

André Kertész nació en Hungría en 1894. A los 12 años tuvo entre las manos su primera cámara de fotos (algo así) y, frente a sus ojos, las trincheras de la Gran Guerra. En 1925 se mudó a París, para impregnar sus imágenes con el humo de las vanguardias.


La Segunda Guerra lo separó de su hermano Jenô y lo obligó a emigrar a Estados Unidos. Allí comenzó a trabajar en revistas como Harper's Bazaar, Vogue y Life, y se convirtió en uno de los padres del fotoperiodismo. Mientras tanto, Jenô huía del nazismo y llegaba a Buenos Aires, donde trabajaría como sastre durante más de 40 años.


André viajó muchas veces a la Argentina para visitar a su hermano. Al mismo tiempo, continuaba con una antigua obsesión: fotografiar personas leyendo. Ese trabajo se publicó en 1971 bajo el título On reading. La semana pasada el New York Times reveló que la editorial Norton acaba de reeditar esas fotos tomadas por Kertész entre 1920 y 1970. Una de ellas, de 1962, muestra a un hombre de pie, con un libro entre sus manos, frente a una pintada de alguna calle porteña -me encantaría saber cuál-.


Kértesz murió en 1985, a los 91 años, en New York. Pocos días antes había estado en Buenos Aires, presentando una muestra sobre su obra en el Museo Nacional de Bellas Artes.

miércoles, 30 de julio de 2008

Rebelión en la blogósfera

A partir del próximo 9 de agosto, los diarios personales de George Orwell se publicarán en un blog, respetando el orden y la frecuencia de los originales. Cada día aparecerá la nota correspondiente a esa misma fecha, escrita 70 años atrás. La idea está a cargo de los organizadores del famoso Orwell Prize -el reconocimiento británico a los mejores escritores y periodistas políticos- e incluye material de los diarios domésticos, pero también de los apuntes políticos del autor de 1984.

El cabezal que armó la gente de Orwell Prize para difundir el blog.

Los diarios se extienden desde 1938 hasta 1942. Por lo tanto, el blog deberá actualizarse permanentemente hasta el 2012. Allí podrán leerse las percepciones de Orwell respecto del avance del nazismo y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Además, es posible suponer que las primeras entradas del blog estarán impregnadas por la particular situación del autor hacia 1938. El año anterior, mientras participaba de la guerra civil española en las filas del anti estalinista POUM, Orwell recibió un disparo en el cuello. Poco después se trasladó a Marruecos, donde vivió durante seis meses mientras se recuperaba de aquella herida.

Al mismo tiempo, el POUM fue declarado ilegal por el Partido Comunista español. Perseguido por el propio gobierno republicano, el movimiento conducido por Andreu Nin se acercó a los sectores anarquistas herederos de Durruti. En junio de 1937, Nin fue capturado por agentes de Stalin, torturado y asesinado. Parte de esta experiencia de Orwell en España aparece en el célebre Homenaje a Cataluña y seguramente se refleja en las observaciones apuntadas en los diarios.

Habrá que esperar al sábado 9 para que empiece a revelarse la incógnita. Pero hay algo de lo que no tengo dudas: el blog de Orwell va a ser más actual que muchos otros, escritos en riguroso presente.

jueves, 24 de julio de 2008

Cuadernos del desasosiego

La Biblioteca Nacional de Portugal acaba de digitalizar y subir a la web veintinueve cuadernos de Fernando Pessoa en los que pueden leerse apuntes, poemas, notas domésticas y hasta juegos con palabras en diferentes idiomas.



Los heterónimos, esas múltiples personalidades que lo volvieron único, habitan también en cada una de las libretas. La colección está dividida en dos partes: por un lado se presentan los cuadernos firmados por el propio Pessoa, por el otro, aparecen los de su alter-ego Alberto Caeiro.

Como lo hizo con Ricardo Reis, Álvaro de Campos y muchos otros heterónimos, Pessoa también trazó una biografía de Caeiro. Este "maestro", que siempre me ha recordado al Astrólogo de Los siete locos, es quien llega para rescatar al poeta de las dudas y el misticismo en marzo de 1914. Ese mismo día Pessoa/Caeiro escribe más de treinta poemas de corrido, los cuales forman parte de uno de los cuadernos hoy digitalizados: O guardador de rebanhos.



Caeiro es el poeta de las sensaciones, desprecia todo simbolismo y es el único heterónimo que no escribió prosa. Según Reis (sí, en el universo Pessoa un heterónimo puede definir a otro ¡y criticarlo!) "la vida de Caeiro no puede narrarse pues no hay en ella más que contar. Sus poemas son lo que hubo en su vida. En todo lo demás no hubo incidentes, ni hay historia".

La frase recuerda otro escrito del portugués que Luis Eduardo Aute transformó en canción: "El mundo es lo que a él traemos / todo existió porque existí/ hay porque vemos / ¡Y hay mundo porque yo lo vi!".

Para mí, pensar en Pessoa sigue siendo pensar en fragmentos. Múltiples cristales rotos a los que jamás les preocupará recuperar la unidad. Cada uno de ellos lleva en sí un reflejo, la promesa de una luz infinita. Este fragmento de Escrito en un libro abandonado en un viaje lo define entero:


"Tengo el cansancio anticipado de lo que no voy a encontrar. Si en determinado momento me hubiera vuelto para la izquierda en lugar de para la derecha. Si en cierto instante hubiera dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí. Si en determinada conversación hubiese tenido frases que sólo ahora en el entresueño elaboro. Si todo esto hubiera sido así hoy sería otro y quizá el Universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro también. Pero sólo ahora lo que nunca fui ni seré me duele. Voy a pasar la noche a Sintra porque no puedo pasarla en Lisboa pero cuando llegue a Sintra me va dar pena de no haberme quedado en Lisboa. Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia. Siempre, siempre, siempre. Esta angustia excesiva del espíritu por nada. En la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida. A la izquierda hay una casucha al borde de la carretera. A la derecha, el campo abierto con la luna a lo lejos. El auto que parecía hace poco proporcionarme libertad es ahora algo en lo que estoy encerrado. A la izquierda, hacia atrás, la casucha modesta. La vida allí debe ser feliz sólo porque no es la mía. Si alguien me ha visto desde la ventana de la casucha soñará: ese que va en el auto es feliz".


Para leer:

martes, 3 de junio de 2008

Libros de la calle

Esta tarde, cuando ella salió del trabajo, caminó unos metros por Viamonte hacia la esquina de Junín. Vio un grupo de gente arracimada en torno a una pila de libros que ocupaba casi todo el ancho de la vereda y un par de metros de largo, justo a la altura de la famosa Bolsa del libro. De a ratos un cartonero salía de adentro de la librería y volcaba más volúmenes, mientras pedía una "colaboración" por el laburo.

Ella se detuvo y trató de adivinar entre viejos vademecums y folletos sobre administración de consorcios algún diamante perdido. Vio una tapa gastada, que alguna vez fue violeta y hoy apenas se anima al rosa. Al pie descubrió la sigla clave: EUDEBA. Y en algún lugar resonó el célebre eslogan de Boris Spivacow, "más libros para más".

El título -a esta altura, una pequeña anécdota- es un clásico de Torcuato Di Tella: Sociología de los procesos políticos. En la primera página tiene un fichado de biblioteca circulante; en las interiores, aparece un subrayado minucioso con lápiz negro y algunas anotaciones con letra tímida y redondeada. Portantiero, Murmis, Prebisch, Germani, O'Donnell y Nun, merodean por los agradecimientos y el prólogo, fechado en 1984.

Los libros saben esperar en silencio, agazapados en los pliegues de las bibliotecas. Pero cuando de verdad hace falta, un impulso vital los ayuda a salir a la calle. A buscar otras manos, a profanar otras conciencias, que para eso nacieron.

jueves, 27 de marzo de 2008

Un descanso

Mis primeros libros los leía subido a los árboles, como Cosimo, sentado en alguna rama, entre la modorra y el olor a pasto seco de las siestas de verano en Ezeiza. En invierno me instalaba en la terraza de mi casa de Flores y el atardecer se me venía encima pasando las hojas de alguna novela de Verne o Salgari.

Con los años, la lectura se trasladó por escritorios, pupitres, mesas de bares. Y los libros reemplazaron a las historietas en la cama, antes de dormir. Más tarde llegaron los transportes públicos, en los que aún sobrevivo cada día. También las veredas, el don de caminar a ciegas, con una historia entre las manos.

Los pisos de parqué del departamento de mi abuela donde devoraba Las mil y una noches. Las baldosas de aquel patio en el que descubrí el humo y En el camino. El techo descascarado de una habitación de hotel que se convirtió para siempre en Cielo protector.

Después de tantos cambios de hábitat, los lectores todo terreno nos merecíamos este descanso con biblioteca.




Via: Visión invisible

domingo, 14 de octubre de 2007

La biblioteca de Alejandría

El sábado a la mañana un asunto familiar me llevó junto con mi hermano de excursión hasta Ezeiza. Arrancamos temprano y volvimos después del mediodía, con la mirada fija en la vías de ese tren que unió nuestra infancia y hoy sigue atravesando escenarios imposibles.

El ramal Cañuelas del Roca todavía traquetea con los vagones originales de cuando se electrificó el servicio, allá por mediados de los '80. Los asientos naranja se hamacan al ritmo de una cumbia zumbona y los vendedores ambulantes pasan uno tras otro. Pilas, medias, golosinas y una novedad: CDs con compilados que no hace falta probar porque el tipo los lleva sonando a todo volumen en un equipo a pilas colgado del hombro.

Miro por la ventana, nos acercamos a Banfield. Los acordes del último hombre orquesta se alejan hacia el fondo del vagón y los reemplaza la voz de un nuevo vendedor que anuncia con ganas "Julio Verne, Cortázar, Borges". Mi hermano me mira. "Bucay, Coelho, libros de autoayuda, de medicina, de matemática, enciclopedias". Levanto la cabeza esperando encontrar un viejo vendedor de literatura de cordel. "Más de mil libros para leer en la PC", aclara entonces la voz y el brazo agita un CD por sobre las cabezas de los pasajeros. Cuando por fin se acerca, mi hermano ya tiene un billete de $5 en la mano. Pero el librero digital y ambulante sabe que su oficio no es como el del vendedor de medias. Por eso, antes de entregarnos la fuente de la sabiduría nos regala una explicación acerca de cómo la cultura está ahora "al alcance de la mano".

El CD, que incluye software pirata como corresponde, trae 2.500 ebooks de toda índole. Los nombres se mezclan en una ensalada imperdible regida apenas por el (des)orden alfabético: 16 libros de Ambrose Bierce conviven con las Crónicas de Narnia, América de Kaflka se cruza con toda la saga de Harry Potter, Vigilar y castigar aguarda tras los Nueve libros de la Historia de Heródoto.

Cuando bajé en Constitución me descubrí guardando el disco en la mochila y acariciando las tapas ajadas de los poemas de Paul Bowles que suelo llevar como talismán de viaje. Por los altoparlantes de la estación un grito de lata hablaba de un servicio interrumpido.

viernes, 5 de octubre de 2007

Placeres prohibidos

Unicef puso en marcha una campaña para promocionar la lectura entre los adolescentes. Más allá de la efectividad o no del recurso y de las sospechas que despierta el biblio-marketing en cualquiera de sus formatos, la idea es original. La agencia europea que diseñó los afiches eligió alejarse de las moralinas del tipo "dejá el paco, volvé con tu novia", tan habituales a la hora de evangelizar juventudes, y apostó por el deseo.


"Si leer estuviera prohibido, ¿estarías tentado de probar?", arriesga el eslogan. Mirá y tentate.



Vía: capitulodos