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viernes, 15 de agosto de 2008

Celuloide

Las noticias que llegan desde el otro lado del mundo obligan a hablar de cine. A la nueva apuesta de Palahniuk en la pantalla grande se le sumarán en los próximos meses otros dos estrenos "literarios". Michel Houellebecq probará suerte como director con La posibilidad de una isla, basada en la novela homónima que comentamos en los albores de este blog. El estreno en Europa está previsto para el 10 de septiembre.

Confieso que el trailer no me atrajo mucho, y todavía queda el mal recuerdo de la versión que perpetraron con Plataforma. Como para reforzar el prejuicio, la crítica fue implacable en los preestrenos en festivales internacionales. Igual, habrá que animarse.



Un mes después, el 10 de octubre, se presentará oficialmente Lezione 21, escrita y dirigida por Alessandro Baricco. Aunque las primeras reseñas no son muy piadosas con el italiano, la película tuvo un presupuesto holgado y apunta a redituar con una audiencia amplia. Para eso cuenta con protagonistas como John Hurt, Noah Taylor y la nueva diosa-progre-cool Leonor Watling (a no emocionarse muchachos que está en pareja hace rato con Jorge Drexler).

El avance alcanza y sobra para hacerse una idea de lo que podemos esperar para cuando llegue a estas pampas.



La yapa: Palahniuk, Houellebecq y Baricco se cruzaron en el Festival de Locarno.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Michel Houellebecq en Argentina: "No soy un cínico, soy un romántico"

No llegué a descargar las fotos que Patricio tomó con mi celular, tampoco tengo el audio, ni la desgrabación, aunque una buena parte pueden encontrarla acá. Pero no quería dejar de decir algunas cosas, compartir ciertas sensaciones antes de que se escapen para siempre.

Michel Houellebecq se presentó anoche en la Alianza Francesa y a pesar de que su personaje de provocador full time lo precede como las risas idiotas del auditorio, mostró que todavía puede aportar algunas notas lúcidas a la sinfonía de sordos que nos aturde por estos días.

En primer lugar, recuperó el valor de una mirada sociológica mucho mejor que varios representantes académicos. Habló de los intelectuales que lo atormentan, de esa corriente que a partir de la Revolución Francesa y hasta principios del siglo XIX se dedicó a pensar una sociedad nueva, una humanidad para armar. Iluministas, positivistas y funcionalistas, con sus sueños de progreso que se fundieron al calor Hiroshima todavía tienen algo para decir cuando Houellebecq los hace hablar.

Claro que su evocación estuvo teñida de cierta nostalgia imperialista francesa: Comte, Alexis de Tocqueville, Fourier, los arquitectos del nuevo mundo. Mención aparte para Marx, a quien le dedicó un par de balazos como "se cobró las apuestas hechas por otros" o "la reducción a lo económico no sirve en absoluto". No obstante, dos minutos después no dudó en afirmar que 40 años de historia se explicaban en dos páginas de economía. Contradicciones entre pensador y personaje.

En el final, logró esquivar las preguntas que apuntaban a sus rutinas como escritor, tan usuales en este tipo de presentaciones. Las pocas frases que dedicó al oficio fueron para cuestiones que parecía tener muy resueltas en algún lugar detrás de su angulosa nariz y que revoleó a desgano, mientras sus dedos de ardilla estrangulaban la banda elástica de una Moleskine. Van algunas:

"Los escritores beben por la misma razón que lo hacen los obreros: porque realizan un trabajo de fuerza".

"El arte funciona al revés de la democracia: si uno toma en cuenta la opinión de varias personas el resultado es mediocre".

"No soy un cínico, soy un romántico, pero hay que tener en cuenta lo oscuro".

lunes, 5 de marzo de 2007

La posibilidad de una isla - Michel Houellebecq

Las vidas de Daniel no son eternas pero se enlazan unas con otras a lo largo de 2 mil años. El tiempo que tarda el deseo en desaparecer y regresar. El tiempo que tarda un prisionero en saber que no logrará liberarse porque, finalmente, "la vida era real" y el universo, sólo una tierra baldía.

La posibilidad de una isla es la enternecedora lucha de un hombre por hacer pie en un mundo que se aniquila minuto a minuto. En el marasmo de esa sociedad incapaz de creer en nada, la inmortalidad se transforma en una nueva chance para la redención. Comfort y música para soñar, por los siglos de los siglos. Pero el fuego siempre está allí y un día volverá para arrasarlo todo.

El sueño de la razón ha creado un monstruo y Houellebecq nos lo presenta con una dosis de humor imprescindible. Ese hombre para el cual “el valor de un ser humano se mide hoy en día por su eficacia económica y su potencial erótico”, se despacha con una colección de postales del fin de la raza.

Unos pocos abandonos serán suficientes. Papeles firmados, mansiones vacías, muestras de sangre, algún que otro crimen pasional y unas cuantas cojidas memorables. Todo se termina para volver a nacer, purificado, en la absoluta asepsia del deseo.

Desde su útero digital, Daniel 25 va a ser incapaz de comprender las sensaciones de su antepasado humano -Daniel 1- . Pero de la mano de una tibia recuperación del cuerpo, con su ingenua carga de placer y dolor, se decide a salir para explorar los restos de aquel reino perdido.

Afuera sólo hay miseria y hordas de cortadores de cabezas que bailan junto a las llamas. Un pantano que huele a mierda, pero se ha vuelto a poblar de dioses. El mito está de regreso al calor de la hoguera. Y siempre se está a tiempo de morir, de una buena vez por todas.

Imborrable: el game over de Daniel 1 luego de la fiesta en la casa del amigo de su chica española.

Ficha
La posibilidad de una isla
Michel Houellebecq
Editorial Alfaguara
Edición 2005
Precio: $39

Para leer: